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¿Qué pasaría si desaparecieran las puntuaciones de los críticos?

¿Qué pasaría si desaparecieran las puntuaciones de los críticos?

¿Qué pasaría si desaparecieran las puntuaciones de los críticos?

Imagine entrar a una tienda de vinos.

Mira las botellas.

Una tiene 94 puntos.

Otra tiene 97.

Una tercera tiene 100.

Y, sin pensarlo demasiado, sus ojos se van hacia la que tiene el número más grande.

Es normal.

Las puntuaciones nos ayudan.

Nos orientan.

Nos dan confianza.

Nos permiten descubrir vinos que quizá no conocemos.

Pero ahora imagine algo diferente.

Imagine que mañana desaparecen todas las puntuaciones.

No existen los 90 puntos.

No existen los 95.

No existen los 100.

Ninguna etiqueta puede presumir una cifra.

Ninguna tienda puede ordenar sus botellas por puntuación.

Ningún restaurante puede decir que su vino tiene determinado reconocimiento.

Solo queda una botella.

Su historia.

Su productor.

Su origen.

Y, finalmente, nuestra copa.

¿Seguiríamos eligiendo los mismos vinos?

Esa pregunta resulta mucho más interesante de lo que parece.


🏆 ¿Por qué nos gustan tanto los puntos?

Hay una razón muy sencilla.

Los números hacen que algo complejo parezca fácil.

El vino es complicado.

Existen miles de productores.

Cientos de regiones.

Decenas de variedades.

Diferentes cosechas.

Diferentes estilos.

Y cuando no conocemos una botella, un número puede funcionar como una pequeña señal.





En segundos creemos tener una idea de qué tan bueno es el vino.

Y eso es tremendamente útil.

Especialmente cuando estamos frente a una botella que nunca hemos probado.

Pero existe un problema.

Un número puede decirnos mucho sobre una evaluación, pero muy poco sobre nuestra experiencia.


🍷 Un 98 no significa que te vaya a gustar más que un 94

Esta es probablemente la idea más importante.

Supongamos que tenemos dos vinos.

Uno obtuvo 98 puntos.

El otro, 94.

¿Significa que el primero necesariamente será nuestro favorito?

No.

Porque el gusto personal no funciona como una competencia matemática.

Quizá el vino de 98 puntos tiene una enorme estructura, mucha concentración y una larga capacidad de guarda.

Pero nosotros preferimos vinos más frescos.

Más delicados.

Más florales.

Más ligeros.

Entonces podemos disfrutar mucho más el de 94.

Y eso no significa que el crítico se haya equivocado.

Significa que el vino y nosotros estamos teniendo conversaciones diferentes.


🧠 El poder psicológico de un número

Aquí aparece algo fascinante.

Si alguien nos dice que un vino tiene 98 puntos antes de probarlo, nuestra expectativa cambia.

Lo mismo puede ocurrir si nos dicen que tiene 88.

Incluso antes de llevar la copa a la boca, ya estamos esperando algo.

Y las expectativas pueden influir en nuestra percepción.

Esperamos grandeza.

Buscamos complejidad.

Intentamos encontrar aquello que justificará la puntuación.

Y quizá terminamos disfrutando el vino de una manera diferente a como lo haríamos sin esa información.

Por eso las catas a ciegas son tan interesantes.

Cuando desaparece la etiqueta, el precio y la puntuación, queda una pregunta mucho más sencilla:

¿Me gusta este vino?


👁️ Sin puntos, tendríamos que mirar la botella de otra manera

Si desaparecieran las puntuaciones, probablemente comenzaríamos a hacer preguntas diferentes.

¿Quién hizo este vino?

¿De dónde viene?

¿Qué edad tiene el viñedo?

¿Es una pequeña parcela?

¿Qué variedad utilizaron?

¿Cómo fue la cosecha?

¿El productor tiene una filosofía particular?

¿Es un vino que representa realmente a su región?

Y quizá descubriríamos algo maravilloso:

que existen muchas maneras de reconocer un gran vino.


🇦🇷 Argentina es un buen ejemplo

Durante años, los puntos y las medallas han ayudado a poner vinos argentinos en el mapa internacional.

Un gran reconocimiento puede hacer que alguien que nunca había escuchado hablar de una bodega se interese por ella.

Un 95 puede conseguir que un consumidor se detenga frente a una botella.

Un 97 puede hacer que una etiqueta gane notoriedad.

Y un 100 puede convertir un vino en objeto de conversación.

Eso tiene un enorme valor.

Pero Argentina tiene algo más importante que una colección de números.

Tiene lugares.

Tiene viñedos.

Tiene productores.

Tiene historia.

Tiene variedades.

Tiene una diversidad que no cabe dentro de una puntuación.

Gualtallary no es un número.

Paraje Altamira no es un número.

Los Chacayes no son un número.

Cafayate no es un número.

Patagonia no es un número.

Son lugares con personalidad.

Y esa personalidad es parte de lo que hace interesante a cada botella.


🍇 Entonces, ¿para qué sirven los críticos?

Para muchísimo.

Un buen crítico puede ayudarnos a descubrir.

Puede llamar nuestra atención sobre un productor pequeño.

Puede reconocer una cosecha extraordinaria.

Puede señalar un vino que quizá todavía no conocemos.

Puede poner una botella frente a millones de personas que jamás habrían escuchado hablar de ella.

Y eso es extraordinariamente valioso.

Pero una puntuación debería funcionar como una puerta, no como el destino.

Nos invita a entrar.

Después viene nuestra propia experiencia.


🥂 El verdadero examen ocurre en la mesa

Imagine que encuentra una botella con 100 puntos.

La compra.

La abre.

La sirve.

Y después de unos minutos piensa:

“No es para mí.”

¿Está mal?

No.

Y tampoco significa que los 100 puntos sean falsos.

Simplemente significa que una evaluación profesional y una experiencia personal son dos cosas diferentes.

Porque el crítico está evaluando un vino bajo determinados criterios.

Nosotros estamos viviendo una experiencia.

Quizá lo tomamos con alguien que queremos.

Quizá estamos celebrando algo.

Quizá estamos cenando después de un viaje.

Quizá la botella nos recuerda a alguien.

Todo eso forma parte de nuestra percepción.

Y ningún número puede medirlo.


❤️ Hay vinos que no necesitamos que nadie nos recomiende

También existe el otro lado.

Ese vino que probamos sin conocer.

Sin premios.

Sin grandes titulares.

Sin una puntuación impresionante.

Y, sin embargo, nos encanta.

Lo volvemos a comprar.

Lo recomendamos.

Lo llevamos a una cena.

Se convierte en “nuestro vino”.

Y quizá nunca aparezca en una lista de los mejores vinos del mundo.

Pero para nosotros tiene un valor enorme.

Porque el vino también construye relaciones personales.

Y esas relaciones no necesitan una calificación.


💎 El lujo de elegir por criterio propio

Quizá si desaparecieran las puntuaciones ocurriría algo interesante.

Nos volveríamos más curiosos.

Preguntaríamos más.

Escucharíamos a sommeliers.

Conoceríamos productores.

Leeríamos sobre regiones.

Probaríamos variedades desconocidas.

Compararíamos cosechas.

Y poco a poco desarrollaríamos algo que ningún número puede darnos:

criterio propio.

Y eso, en el mundo del vino, es una forma de lujo.

No necesitar que alguien nos diga qué debemos beber.

Saber por qué elegimos una botella.


🕯️ Pero los grandes vinos seguirían siendo grandes

Y aquí está la parte más bonita.

Si mañana desaparecieran todas las puntuaciones, los grandes vinos seguirían existiendo.

Las grandes parcelas seguirían ahí.

Los viñedos antiguos continuarían creciendo.

Los grandes productores seguirían trabajando.

Las cosechas extraordinarias seguirían siendo extraordinarias.

Y una botella excepcional seguiría provocando esa reacción que ningún crítico puede escribir por nosotros:

“Wow.”

Porque antes de existir los sistemas de puntuación ya existían los grandes vinos.

Y probablemente seguirán existiendo mucho después.


🍷 En Wine Concept creemos que los puntos cuentan una parte de la historia

Los reconocimientos importan.

Claro que importan.

Nos ayudan a descubrir etiquetas y respaldan el trabajo de productores que admiramos.

Pero nunca queremos que un número sea lo único que defina una botella.

Porque cuando seleccionamos un vino, también queremos saber:

qué hay detrás,

quién lo hizo,

de dónde viene,

qué representa,

qué lo hace diferente

y, sobre todo,

qué experiencia puede provocar cuando finalmente llegue a nuestra mesa.

Una puntuación puede llamar nuestra atención.

La botella tiene que justificarla.

Y nuestra propia experiencia tiene la última palabra.


¿Y si mañana desaparecieran todos los puntos?

Quizá al principio nos sentiríamos un poco perdidos.

Ya no habría números que comparar.

No sabríamos inmediatamente cuál es “mejor”.

Tendríamos que preguntar.

Probar.

Descubrir.

Equivocarnos.

Volver a intentar.

Y probablemente eso nos haría disfrutar todavía más del vino.

Porque descubrir una botella excepcional es mucho más emocionante cuando sentimos que la encontramos nosotros.

No porque alguien nos dijo que era extraordinaria.

Sino porque la probamos y lo entendimos.


Los puntos pueden decirnos qué piensa un crítico.

Pero solamente nuestra copa puede decirnos qué significa ese vino para nosotros.

Y quizá esa sea la verdadera razón por la que el vino sigue siendo tan fascinante.

Porque después de todas las puntuaciones,

todas las medallas,

todos los reconocimientos,

todas las listas

y todos los expertos,

queda una persona,

una copa,

una botella abierta

y un momento.

Y ahí, finalmente, el vino deja de tener una puntuación y empieza a tener una historia.


Wine Concept
Donde cada botella argentina tiene una historia que contar, y cada copa nos recuerda que el mejor criterio también puede ser el propio. 🍷

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