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🍷 Cómo el vino se volvió importante en México

🍷 Cómo el vino se volvió importante en México

🍷 El vino llegó a México mucho antes de convertirse en tendencia

Hoy podemos entrar a una tienda especializada y encontrarnos con botellas provenientes de Mendoza, Burdeos, Rioja, Napa, Toscana o Baja California.

Podemos elegir entre Malbec, Cabernet Sauvignon, Nebbiolo, Pinot Noir, Syrah o Chardonnay.

Podemos hablar de regiones, parcelas, alturas, barricas y añadas.

Pero antes de que el vino formara parte de conversaciones gastronómicas, restaurantes, celebraciones y mesas mexicanas, tuvo que recorrer un camino mucho más largo.

El vino lleva siglos formando parte de la historia de México.

Su llegada estuvo vinculada con la presencia española y, posteriormente, con la expansión de la viticultura hacia distintas regiones del territorio. Con el tiempo, algunas zonas demostraron tener condiciones especialmente favorables para cultivar la vid y elaborar vino.

Y quizá lo más interesante de esta historia sea que México no solamente aprendió a hacer vino.

México terminó construyendo su propia historia alrededor de él.


🌱 Todo comenzó con una vid

Cuando pensamos en la historia del vino mexicano, es fácil imaginar grandes bodegas y viñedos.

Pero antes de las bodegas existió algo mucho más sencillo:

una planta.

Las primeras vides introducidas durante el periodo colonial encontraron distintas regiones donde podían desarrollarse. Con el tiempo, la viticultura avanzó hacia el norte del territorio y comenzó a adquirir importancia en lugares como Querétaro, Guanajuato, Coahuila y, posteriormente, Baja California.

La relación entre México y el vino comenzó así: lentamente.

Primero como parte de una necesidad religiosa y cultural.

Después como actividad agrícola.

Más tarde como una industria.

Y finalmente como una expresión de identidad.


🏜️ Parras: una de las grandes historias del vino mexicano

Para entender la historia del vino en México tenemos que detenernos en un lugar muy particular:

Parras de la Fuente, Coahuila.

En medio de una región que muchos no imaginarían como un territorio vitivinícola, las condiciones naturales permitieron que la vid encontrara un lugar donde prosperar.

La tradición vitivinícola de Parras se remonta al siglo XVI. Casa Madero documenta que en 1597 Don Lorenzo García recibió una merced de tierras que permitió establecer la Hacienda de San Lorenzo y plantar vides y elaborar vino.

Ese momento sería fundamental.

Porque significó algo más que plantar uvas.

Significó comenzar a construir una industria.

Para los primeros años del siglo XVII, las condiciones de Parras ya eran reconocidas por su capacidad para producir uvas y vino. Incluso existen testimonios históricos que destacaban la calidad que podía alcanzar el vino de la región con el cuidado adecuado.

Y esa historia continuó.

Durante siglos.


⏳ Cuando el vino tuvo que luchar para sobrevivir

La historia del vino mexicano tampoco fue sencilla.

Durante el periodo colonial, la Corona española impuso restricciones a la expansión de la viticultura en Nueva España, buscando proteger la producción vinícola peninsular.

En 1595 se prohibió la plantación de nuevos viñedos y se limitaron las posibilidades de producción, con excepciones vinculadas principalmente a las necesidades de la Iglesia.

Esto tuvo consecuencias importantes.

Mientras el vino español llegaba al territorio, la producción local encontraba obstáculos para crecer.

Pero la vid permaneció.

Y esa quizá sea una de las grandes constantes de la historia del vino mexicano:

cada vez que parecía que la historia se detenía, alguien volvía a plantar.


🍇 El vino mexicano vuelve a mirar hacia adelante

Con el paso de los siglos, la producción comenzó nuevamente a tomar fuerza.

En el siglo XIX, Parras se convirtió en uno de los principales centros vitivinícolas del país. Para 1885 ya era considerado el centro vitivinícola más importante de México, aunque el aguardiente tenía entonces un peso importante dentro de su producción. Los vinos mexicanos también habían conseguido presencia en mercados nacionales y en lugares como Texas y Nuevo México.

Pero llegó una persona que cambiaría nuevamente el rumbo de esta historia.

Don Evaristo Madero.

Su visión ayudó a modernizar la vitivinicultura de Parras.

A finales del siglo XIX incorporó variedades seleccionadas de Europa y California, nuevas herramientas y conocimientos técnicos. En 1889 llevó los vinos a la Exposición Universal de París, un paso que conectó la producción mexicana con las tendencias y tecnologías internacionales de la época.

Y esto es importante.

Porque el vino mexicano comenzó a dejar de verse únicamente como una producción local.

Comenzó a buscar un lugar en el mundo.


🌎 México descubre que también puede competir

El vino siempre ha tenido una característica particular.

No basta con producirlo.

Hay que conseguir que alguien quiera abrir la botella.

Durante el siglo XIX y principios del XX, los productores mexicanos comenzaron a buscar reconocimiento fuera de sus regiones.

Los vinos de Parras llegaron a concursos y mercados internacionales, y la modernización de sus bodegas permitió incorporar nuevas técnicas y variedades.

Casa Madero, heredera de aquella tradición, documenta reconocimientos obtenidos en Europa y Estados Unidos y una evolución que permitió consolidar una producción de mayor escala y calidad.

La historia empezaba a cambiar.

México ya no solamente tenía una historia antigua de vino.

Comenzaba a construir una historia moderna.


🌵 Y entonces aparece Baja California

Si Parras representa una de las raíces históricas del vino mexicano, Baja California representa una parte fundamental de su evolución contemporánea.

Las misiones y los religiosos tuvieron un papel importante en la expansión de la vid hacia el noroeste. Posteriormente, la región de Baja California encontró condiciones particularmente favorables para desarrollar una industria vitivinícola moderna.

Con el tiempo, lugares como el Valle de Guadalupe comenzaron a convertirse en referentes del vino mexicano.

Y algo interesante empezó a suceder:

México comenzó a ser reconocido no solamente por su gastronomía, su tequila o su mezcal, sino también por sus vinos.

La copa mexicana empezó a adquirir identidad propia.


El vino dejó de ser solamente una bebida

Y aquí está quizá el verdadero cambio.

El vino se volvió importante en México no únicamente porque aumentara su producción.

Se volvió importante porque comenzó a formar parte de nuestra cultura.

Llegó a restaurantes.

A hoteles.

A cenas familiares.

A celebraciones.

A reuniones de amigos.

A experiencias gastronómicas.

Y comenzó a acompañar algo que México conoce perfectamente:

la comida como una forma de reunirnos.

Porque en México la mesa nunca ha sido solamente un lugar para comer.

Es un lugar para conversar.

Para celebrar.

Para recordar.

Para conocer a alguien.

Para despedir a alguien.

Para volver a encontrarnos.

Y el vino encontró su lugar exactamente ahí.


🍽️ México aprendió a beber vino a su manera

Quizá una de las razones por las que el vino consiguió hacerse importante en México sea precisamente porque no necesitó borrar nuestra cultura para integrarse a ella.

Al contrario.

Encontró nuevas formas de acompañarla.

Un Cabernet con carne.

Un Malbec con tacos.

Un vino blanco con mariscos.

Un rosado con una tarde calurosa.

Una copa durante una cena familiar.

Una botella abierta para celebrar una fecha importante.

El vino comenzó a dejar de ser algo lejano.

Comenzó a sentirse nuestro.

Y esa transformación es mucho más profunda que aprender a reconocer una variedad de uva.

Significa incorporar el vino a nuestra propia manera de vivir.


🍷 Hoy México también tiene algo que contar

Cuando hablamos de vino mexicano, muchas veces pensamos inmediatamente en Baja California.

Y es lógico.

Pero la historia es mucho más grande.

México cuenta con distintas regiones productoras y una diversidad de proyectos que han contribuido a ampliar la conversación alrededor del vino.

Coahuila tiene una historia centenaria.

Baja California construyó una de las escenas vitivinícolas contemporáneas más reconocidas del país.

Querétaro desarrolló una identidad propia.

Guanajuato también comenzó a escribir sus propias páginas.

Y cada región demuestra algo diferente:

que México tiene muchas maneras de hacer vino.


De la historia a nuestra copa

Quizá por eso una botella mexicana puede significar mucho más de lo que parece.

Cuando abrimos un vino producido en México, detrás de esa botella existen siglos de historia.

Existe la llegada de la vid.

Las primeras plantaciones.

Las misiones.

Las restricciones de la Corona.

Parras.

Los grandes proyectos del siglo XIX.

La modernización.

Baja California.

Los nuevos productores.

Las nuevas generaciones.

Y todas las personas que decidieron que México también podía tener una voz propia dentro del mundo del vino.

Eso es lo que vuelve interesante a una botella.

No solamente saber qué contiene, sino entender de dónde viene.


🍇 Y la historia todavía se está escribiendo

Quizá lo más emocionante sea que esta historia todavía no terminó.

México continúa descubriendo nuevas posibilidades.

Nuevas regiones.

Nuevas variedades.

Nuevos productores.

Nuevas formas de interpretar el territorio.

Y también nuevas generaciones que están creciendo entendiendo que el vino no pertenece exclusivamente a Europa o a los grandes países productores.

El vino también puede hablar mexicano.

Puede nacer en nuestra tierra.

Puede acompañar nuestra comida.

Puede llegar a nuestras mesas.

Y puede convertirse en parte de nuestros propios recuerdos.


🥂 La próxima vez que levantes una copa…

Quizá valga la pena detenerse un segundo.

Mirar el color.

Acercar la copa.

Probar.

Y pensar que esa pequeña cantidad de vino representa una historia que comenzó hace siglos.

Una historia que sobrevivió a restricciones.

Que cruzó regiones.

Que pasó de generación en generación.

Que encontró nuevas tierras.

Y que finalmente llegó hasta nosotros.

Porque el vino en México no se volvió importante de un día para otro.

Se volvió importante porque durante siglos hubo personas que decidieron seguir creyendo en la vid.

Y hoy nosotros tenemos la oportunidad de continuar esa historia.

Con una botella.

Con una mesa.

Con una conversación.

Con un brindis.

Porque la diferencia entre simplemente beber vino y descubrir vino comienza precisamente ahí:

cuando entendemos que dentro de una botella también puede existir la historia de un país.

México tiene una historia de vino.

Y todavía quedan muchas páginas por escribir.

🍷 Salud por lo que hemos heredado, por lo que estamos construyendo y por todo lo que todavía está por descubrirse.

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